sábado, 23 de mayo de 2015

Prefiero mil veces mis zapas de correr a cualquier precioso zapato de tacón!

Mitad de semana de vampirización (trabajo de noche, sí, es una putada). 
Hoy quería sacar la bici, pero el viento y no coincidir en horarios con gente me ha echado para atrás. Además, es Santa Rita, patrona del funcionariado o no se qué, total, piscinas locales cerradas. ¿Que queda? Pues correr. El entreno de ayer se me quedó un poco cojo precisamente por cansancio y falta de sueño. Así que me calzo mis Trabuco y me tiro al monte, literal!

 Con el Medio Maratón de Montaña del Ocejón a la vuelta de la esquina, tenía pendiente hacer alguna tirada larga montesina. Lo he ido dejando por falta de tiempo, pero hoy la Peña Hueva me llamaba.
Supongo que algo habrán tenido que ver los vídeos de la Zegama que me he tragado de principio a fin incorporada en el sofá, con los ojos como platos y con una sonrisa en la cara imborrable; y todo lo que me ha contado la gente estos días atrás de la mítica prueba de montaña del País Vasco. El gusanillo me corría ya por dentro y no he podido evitar acordarme de la gente de la Sierra Norte que con tanto mimo y cariño nos organiza una prueba, para mí, única y especial, como es la Media del Ocejón. O de toda la gente que año tras año nos encontramos en la prueba y compartimos emociones, charla y cerveza hasta altas horas, incluídas, como no, buenas gentes veggies de todos los puntos del territorio español. (Ains que ganicas de veros, guapas y guapos)

Que suerte tener tan cerca entornos taaan bonitos para corretear y hacer el cabra. La Peña Hueva o el Pico del Águila son parajes preciosos donde se puede entrenar (paquetes como yo) perfectamente una carrera de montaña de perfil asequible. El olor a pino, los animalillos correteando de un lado para otro, las mariposas cruzándose en tu camino... y tu sóla con tu respiración, y algún ciclista con la mtb o algún paisano disfrutando de un paseo al atardecer con los que cruzas el saludo.

Vista panorámica desde lo alto de la Peña Hueva

El caso es que mientras corres, tienes mucho tiempo para disfrutar, pero también para pensar; te sumerges en pensamientos a veces inconexos, cosas que te rondan en la cabeza o simplemente das vueltas a algo que has leído con lo que no estás de acuerdo. Y justo esto último es lo que me ha ocurrido hoy. Me he topado en Internet con varios artículos sobre la polémica que se ha desatado en el festival de cine de Cannes sobre la indumentaria femenina, concretamente sobre el hecho de llevar zapatos de tacón alto. Parece ser que las mujeres no pueden acudir a dicho festival sin lucir este calzado específico, que en muchos casos no es accesible a toda la gente, por problemas de salud, principalmente. Muchas personas pensarán que es una tontería y que no tiene importancia, pero yo no lo veo así y muchas mujeres tampoco. 

No llevo zapatos de tacón. Soy alta, no los necesito. Pero es que además me parecen una tortura innecesaria, a nivel físico (duelen los pies y la espalda y no puedes hacer un montón de cosas con ellos: caminar rápido, saltar, correr, etc. En definitiva, no son cómodos. Además, me niego a creer que una mujer no puede ser elegante y femenina sin llevar un zapato de tacón alto. La feminidad no se reduce a las prendas que nos ponemos o nos dejamos de poner. Debería residir en matices personales y característicos de cada persona: la forma de hablar, de mirar, de moverse, DE SER! Cada mujer es femenina a su modo, no necesita subirse a unos andamios para conseguir esa feminidad. Estoy tan harta de ver actitudes machistas y patriarcales cotidianas que nos atan  (a hombres y mujeres)  a una espiral de tradiciones y costumbres que se dan por hecho y que, sólo por eso, porque son así desde hace tiempo, no se pueden o deben cuestionar.

Pues eso, que vivan las chanclas y las puntigoma! Yo me siento tan divina y estupenda cada vez que me pongo mis all star o mis Trabuco, porque es lo que quiero, lo que decido, lo que me hace feliz y con lo que me siento cómoda, segura de mí misma, libre y femenina.














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